domingo, 24 de octubre de 2010

UN COMIENZO

Soledad significa aislamiento o confinamiento, falta de contacto con otras personas.
Puede tener origen en diferentes causas, como la propia elección del individuo, una enfermedad contagiosa, hábitos socialmente inaceptados u otras como la situación social o laboral del individuo.


Cuando Eva reflexionó sobre la definición de esta palabra, no podía entender que causa había motivado ese estado de ánimo. Pero habitaba en ella.
En simple apariencia, era una cuarentona sin problemas, con una buena posición laboral y económica que la hacían destacar en la sociedad, pero estaba sóla.
No conocía las causas, pero su desasosiego iba creciendo a medida que pasaban los días y se encontraba como un perro en un refugio deseando que alguien la salvara.
Que alguien la salvara,, pero ¿quién sería ese alguien? Lo ignoraba.
Se había dedicado a mantener relaciones superficiales con todo el mundo, basadas en dar o recibir consejos absurdos y sin sentido sobre que hacer en cada uno de los momentos cruciales de la vida, y sin tomar por uno mismo una decisión.
Debía terminar con todo, esa era la verdad.
Pero el medio para hacerlo significaba empezar de cero en otra ciudad, dejar su trabajo, sus amistades y a su familia.
Su familia era el menor de los problemas, la habían dejado tanto a su aire que no sabía exactamente si aquellos padres hippies desfasados le daban independecia o si la independencia la necesitaban ellos, nosabía que decir, pero de cualquiera de las maneras, ellos no preguntaría nada y les dirían que hiciera lo que quiesiera.
Eso era lo complicado, hacer lo que una quiere sin saber lo que quiere parece que no lleva a ningún lado.
Ya no había vuelta atrás.
Se había despedido de sus compañeros en la redacción del periódico, poniendo como excusa tomarse un tiempo para ella misma después de diez años intensos de trabajo, y a ellos no parecía preocuparles, nadie le preguntó a donde iba.
Había puesto en venta su apartamento, el proceso había sido rápido, en un mes lo tenía todo solucionado, y aquel pisito que le dio independencia y con los años la mantuvo atada, sería el hogar de una joven pareja que acababa de llegar a Madrid.
Todo estaba preparado para mi viaje. Un viaje del que solo sabía que iría a Andalucía, a relajarme y a encontrarme conmigo misma.
En ningún momento se imaginó lo que se encontraría allí.

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