domingo, 24 de octubre de 2010

OTRO COMIENZO

El final estaba cerca, y parecía que nada podía salvarme de la muerte. Todo lo que le dije parecía escaparse a sus oidos, nada le conmovía.
Había tomado una decisión, y era la de acabar con su sufrimiento, lo cual conllevaba acabar con el mio y con mi vida.
En el fondo deseaba que todo acabara de una vez, ya que parecía que la decisión estaba tomada, no quería que siguiera torturándome, ¿Para qué?
Me imagino que le excitaba verme sufrir, o al menos esos reflejaban sus ojos chispeantes de alegría cuando me golpeaba en la cara y ese hilo de sangre desfilaba por mis labios.
No lo comprendo, cómo hemos podido llegar a esto.
Parece que ahora todo va a terminar, no tengo fuerzas para abrir los ojos; va oscuerenciedo a mi alrededor.
Me contempla desde el otro lado de la habitación, con media sonrisa dibujada en su boca.
¿Te arrepientes de algo? Esas fueron sus últimas palabras dirigidas hacia mi.
No sé que contestarle, parece un ser extraño, no lo reconozco y no sé como puede reaccionar, mis pensamientos van y viene en mi cabeza y lo único que quiero es que me perdone y que todo sea una anécdota que con el paso de los años todos podamos olvidar.
Nunca se lo reprocharía, yo podía ayudarlo, sólo quiero que me deje vivir.
Finalmente, en un ataque de histeria le grito que SI, que estoy arrepentida de todo y que nunca medía las consecuencias de mis actos, que era una egoista y una inmadura, que me dejara con vida, que serían felices y que lo olvidaría todo.
Se lo supliqué, se lo rogué, arrodillada y balbuceando las palabras, porque carecía de sensibilidad en mi boca.
Observé como esos ojos que minutos antes chispeaban de satisfacción se enrojecían de ira, no era la respuesta acertada, se acercaba hacia mi con el cuchillo que tenía en sus manos desde por la mañana, desde que me encerró. Lo vi todo claro, había llegado mi hora.
Adios.

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